¿Qué es Albalá?
Es una escuela de vida para emprender un viaje de autodescubrimiento y transformación personal.
Un lugar en donde vemos las experiencias difíciles como una oportunidad para reestablecer la conexión consigo mismo, descubrir el sentido de la vida y despertar la consciencia.
Comprendemos que detrás del malestar, la adicción, la ansiedad o la perdida de sentido, hay un ser desconectado de su esencia y creemos que al reconectarse, puede vivir con verdadera libertad y plenitud.
Acompañamos con amor, optimismo y respeto a cada persona en su proceso de reconexión, a quien invitamos a ser un estudiante dispuesto a desaprender, volver a su esencia y a reconectarse con la vida.


Somos más que bienestar integral
años de experiencia
estudiantes
incremento en calidad de vida
efectividad
Testimonios
Cada proceso deja huellas de vida. Nuestros egresados hablan desde el corazón: «Aquí encontré calma cuando más lo necesitaba», «Albalá fue mi espacio seguro para reconectarme conmigo», «Este camino me recordó cómo amar la vida».
Sus historias son nuestro mayor orgullo, porque reflejan que crecer desde el amor es posible.
Los primeros días en Albalá fueron de resistencia y confusión, de dolor, en el fondo de mi Ser había caos, confusión, fueron meses de mucha reflexión, de reconocimiento, de aceptar y sobre todo de rendirme, si, dejar de luchar, dejar de justificar y de responsabilizarme, el camino no fue fácil, porque siempre estaba mi mente cuestionando todo, oponiéndose, buscando culpables, aún así y gracias al proceso amoroso, responsable y lleno de despertar, hoy puedo decir que ya no siento angustia, que tomo mis decisiones con conciencia y que asumo lo que me corresponde, me siento libre, poderosa, amada, es como si la vida me hubiera regalado una nueva oportunidad para escribir una nueva historia viendo con compasión y amor a la mujer que fui, agradeciendo por cada momento y por cada experiencia porque fue así como me reconecte y como he aprendido a amarme y a aceptarme, este proceso es un acto de amor, de valentía, de renacimiento y cada minuto que pase en Albalá, lo atesoro porque me transformo, Gracias.
Angélica Ortiz
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Juan Sudarsky
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Una noche vi en Facebook que un amigo publicó algo de Albalá etiquetando a Hernán, vi que era el amo y señor de Albalá, lo agregué a mis contactos en Facebook. Después de varios meses, le escribí pues un amigo estaba pasando por un momento en el que necesitaba ayuda urgentemente. En el mensaje que le envié por el messenger de Facebook, lo primero que hice fue darle las gracias por todo lo que había hecho por todos mis amigos que habían estado en Albalá, era lo mínimo pues había visto el cambio total en ellos; en ese momento, Hernán ya sabía quién era yo y seguimos en contacto.
Para mí era muy diferente pues nunca me he tomado un trago y mucho menos drogas, por eso desde mi punto de vista, primero, veía el cambio en mis amigos cuando estaban hundidos y podía también ser sensible al comportamiento de mis amigos en problemas. Una mañana, ya al final de la pandemia me levanté una mañana realmente abrumado, me di cuenta de que llevaba muchísimos años sumido en una depresión absurda, lo primero que hice fue escribirle a Hernán contándole mi condición, hablamos una media hora y luego de hablar y contestarle sus preguntas, Hernán me dijo: “Tato, venite para acá”, dos semanas después estaba yo en Cali, tocando la puerta de Albalá.
Fueron tres meses de trabajo muy duro con cada terapeuta quitándome velos de los ojos, dejando mi ego a un lado, entendiendo cuáles eran mi vida, mi proceso, mi camino… fueron tres meses en los que aterricé, en los que aprendí a quererme, en los que me di cuenta de que la vida no es solamente estar feliz o triste, aprendí a silenciar mi cabeza, a enfocarme en mí y en mi vida, en el aquí y el ahora. Un trabajo que debo seguir haciendo cada día y que se ve reflejado en mí y al rededor mío.
Siempre, en algún momento del día, pasa algo en el que el pecho se me llena de gratitud con Albalá, con todo su equipo desde Hernán hasta las dulces señoras que arreglan la casa y preparan la comida. A veces pienso que Albalá no es un lugar a donde hay que llegar cuando la vida lo tiene arrinconado a uno, si hubiera un “Albalá” en cada colegio, el mundo sería millones de veces mejor, por eso para mí es tan importante que Albalá y mi proceso no se quede para mí, es muy particular porque ese cambio se refleja y se dispersa en cada uno de quienes estuvimos por la razón que fuera en Albalá. En Albalá aprendimos a vivir.
Gracias infinitas a Albalá, Escuela de Vida.
Tato Lopera
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Juliana Silva
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Llegué a Albalá buscando respuestas. Pero encontré mucho más que eso. Albalá fue —y sigue siendo— un spa para el alma: un lugar donde me acompañaron a escarbar hasta lo más profundo de mí, a mirar de frente el dolor que me empujaba a beber, a entender que el alcohol era apenas la punta del iceberg.
Tres años después, puedo decir con una calma que jamás imaginé posible: el deseo de tomar ya no existe en mí. No soy una alcohólica, ni una adicta en recuperación. Soy una mujer sobria, sana, y consciente. Una mujer que honra la vida, y que se compromete a seguir honrándola, durante todos los días que me queden.
Beatriz Torres
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En ALBALÁ descubrí que tengo cualidades y características que me hacen una persona única y valiosa, y eso fue revelador. Por primera vez, dejé de enfocarme en mis errores y empecé a reconocer mi valor. Descubrí mi pasión, encontré claridad en lo que quiero para mi vida, y lo más importante: comencé a caminar hacia mis sueños con convicción.
Desde entonces, todo ha cambiado para bien. He fortalecido la unión con mi familia, me he acercado espiritualmente a Dios, y he mejorado tanto en mi estado académico como físico y emocional. Hoy tengo metas claras, motivación real y un profundo agradecimiento por todo lo vivido. ALBALÁ no solo me ayudó a sanar, sino que me enseñó a vivir de verdad.